NOVENA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

22.05.2017 11:45

NOVENARIO A LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

 

VIRGEN PODEROSA Y VIRGEN CLEMENTE

(Texto bíblico Lc 1, 46-55)

* Reflexión para el séptimo día:

 

         Queridos hermanos, la Santísima Virgen María ha sido exaltada por el ángel Gabriel como la "llena de gracia" (Lc 1,28); y su prima Isabel la saludó exclamando que era "bendita entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" (Lc 1, 42). Por eso para nosotros María es fiel reflejo del amor de Dios Padre y de la misericordia divina en su maternidad.

 

         Ya en el primer anuncio salvífico ella, la "mujer", está proféticamente presente al aplastar la cabeza de la serpiente, que arruinó nuestra vida introduciendo el pecado en el mundo. María, por voluntad especial de Dios, ha sido preservada y revestida de gracia, asociada a la de su Hijo Jesucristo, para protegernos en las adversidades terrenales y espirituales.

 

         En su Maternidad divina ha sido asociada al poder redentor del Señor, y a los pies de la Cruz fue entregada por su Hijo como Madre del discípulo amado, para amar en él a todos nosotros pobres pecadores, en la preciosísima Sangre de Cristo derramada en el Calvario y aplicada en los Sacramentos, que son el gran tesoro que Nuestro Señor Jesucristo ha entregado a su Iglesia.

 

         El Papa Francisco nos recordaba en el Año Jubilar de la Misericordia que el rostro misericordioso del Padre se ha manifestado en su Hijo Jesucristo. Al pie de su Cruz María ha sido asociada, por su Maternidad divina, en la obra de la Redención.

 

         Aquella que se considera su humilde sierva (cfr. Lc 1, 48), abraza en el cruento dolor de la Cruz la Maternidad de toda la humanidad, su Inmaculado Corazón (Fátima, Lourdes) abre sus brazos a todos los hombres y mujeres justos y pecadores. Nos anima a que hagamos lo que su Hijo nos dice: "Amaos los  unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15, 12); a reconciliarnos con Dios, como el hijo pródigo, sabiendo que cuando regresemos a la casa del Padre heridos por la vida y el pecado, Ella nos ayudará a vestirnos con el traje de fiesta y nos calzará los pies de peregrinos con sandalias para el encuentro festivo de la reconciliación y el perdón, como hijos queridos que siempre ha llevado en su corazón de Madre, y que desea amparar cuando, como esta tarde, nos postramos a sus plantas soberanas.

 

         Hermanos, tened la seguridad que nuestra Madre, la Mare de Deu dels Desamparats, se alegra de nuestra manifestación de amor, y presenta ante el altar del cielo nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras  súplicas y oraciones que le estamos ofreciendo y presentando hoy. Cualquier plegaria, por sencilla que sea, el rezo del Santo Rosario, una jaculatoria, la Sabatina, esta Novena, son besos y expresiones de ternura dedicados a la Madre; y qué madre no se vuelca hacia sus hijos, como lo hace la "Cheperudeta", al contemplar nuestros rostros suplicantes dirigidos hacia ella.

 

         En su honor, y con sus mismas palabras, agradecidos, repetimos en la oración del Magnificat: "Dichosa me dirán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí". Así sea.