SOBRE LA MAL LLAMADA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

16.03.2017 18:20

El Género en disputa

  • 1
 
 
 

De como la llamada ideología de género nos impone una dictadura del pensamiento único.

 

El Género en disputa de Judith Butler es una de las obras fundacionales de la llamada ideología de género. Una corriente de pensamiento, que siguiendo la estela del feminismo radical, se ha propuesto subvertir la cosmovisión binaria de la especie humana. Se trata de un nuevo feminismo sin mujeres, una forma de pensamiento que cuestiona las identidades sexuales como puras construcciones culturales, que nunca son inocentes y que obedecen a propósitos de dominación. En la línea nietzscheana de la llamada voluntad de poder propugnan una sustitución del esencialismo por un puro voluntarismo de género (somos aquello que decidimos ser). La catalogación de sexos es puramente arbitraria y obedece a razones de represión cultural y social.

 Recientemente hemos visto una de sus manifestaciones más palmarias en la reciente polémica sobre la circulación de un autobús fletado por la organización Hazte Oir. Precisamente el objeto de dicha performance (por utlizar las categorías que usa la izquierda posmoderna para sus particulares aquelarres políticos) era la de llamar la atención sobre esta nueva dictadura orwelliana que se nos está imponiendo. Un nuevo ministerio de la verdad nos dice lo que es pensable y decible en cuestiones de género. Como la mayoría de la población española, poco ducha en las divagaciones lacanianas que sustentan la ideología de género, sigue teniendo por verdad del sentido común que hay dos sexos y que estos tienen una raíz biológica, los ideólogos de género tienen que apelar a un recurso muy caro a la izquierda radical: el sentimentalismo. Vivimos tiempos en los que la emoción ha sustituido a la racionalidad como criterio de verdad. Lo que sentimos o pensamos que otros pueden sentir es más importante que la propia verdad de lo que digamos. De ahí que se haya constituido una especie de tribunal de honor de la ofensa en nuestras sociedades descreidas y sentimentaloides. Todo lo que pueda ofender a un colectivo, por razonado o argumentado que resulte, es susceptible de ser prohibido en aras de una corrección política que pretende proteger nuestros sentimientos frente a todo ataque de la propia realidad.

 

La emoción y el sentimiento es el único tribunal sobre la base de cual juzgar la oportunidad o la corrección de nuestras acciones. Como no podía ser de otra forma, tratándose del posmodernismo relativista, no todas las ofensas valen lo mismo, ni cuestan lo mismo a quienes las perpetran. Las ofensas que están del lado del "progreso" y del antihumanismo están excluidas de todo reproche social. Es perfectamente legítimo y deseable ofender a cristianos, liberales, conservadores o judíos en la medida en que se trata de colectivos que han encarnado valores asociados a la civilización occidental, condenada por decadente, patriarcal y eurocéntrica.

 Otro campo donde la ideología de género está imponiendo su relato es en el de la mal llamada violencia de género que funciona, en la línea clásica del marxismo, como un hipóstasis del resentimiento. Desde lo biológico ( sexo) se construye un relato cultural (género), entendido como una división artificial e interesada de la humanidad en dos bandos enfrentados. Uno “opresor”, la masculinidad, a la que se asocia con roles de dominación y explotación. El otro, la feminidad que se haya sojuzgada y esclavizada y la que se asocian exclusivamente roles positivos. La idea que subyace tras la construcción política del concepto de violencia de género es que para dar visibilidad al conflicto es necesario presentar como cŕimenes de género lo que antes se denominaban crimenes pasionales, violencia doméstica, parricidio etc..

 Negar que exista la llamada violencia de género no supone condescendencia alguna con la violencia hacia las mujeres ni mucho menos. Lo que supone es denunciar la politización encubierta del crimen con fines estigmatizadores que sólo buscan instaurar un odio de género.. No es casual que busquen la conceptualización de la violencia contra las mujeres como genocido pues éste es un delito de lesa humanidad con claras motivaciones políticas: la eliminación de razas o etnias que se consideran inferiores

 El análisis de la violencia contra las mujeres, al igual que el que se ejerce sobre cualquier ser humano, debe ser objeto de atención por parte de la crimonología. Éste deja claras varias cosas. Que no es cierto, pese a que las encuestas muchas veces lo obvien , que la violencia de pareja sea un fenómeno exclusivamente masculino, que la violencia de pareja no tiene motivaciones políticas o ideológicas(eliminación de las mujeres en cuanto seres inferiores) sino que se debe en algunos casos a deficiencias en la personalidad y en la afectividad (los maltratadores y las maltratadoras suelen ser personalidades narcisistas) y en otros casos a concepciones autoritarias de la familia (que pueden ser tanto patriarcales como matriarcales, dependiendo de las culturas).

 La única forma de ganar la batalla cultural es ganar la batalla del lenguaje, que exige volver a llamar a las cosas por su nombre.